Prevención social + Instituciones sólidas = Seguridad ciudadana sostenible

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de conversar con William Bratton. Para aquellos que no lo conocen, Bill Bratton es un referente Policial en los Estados Unidos que lideró las modernizaciones de cuerpos policiales tan complejos como los de la ciudad de Nueva York, Los Ángeles o Boston. Cuando le pregunté cuál era el atributo principal para una exitosa modernización policial, respondió: “Las transformaciones institucionales se impulsan desde adentro. La clave está en el liderazgo y la reinventarse”. Y seguidamente, añadió:  “Pero reducir crimen no solo depende de tener buenos policías, sino también de una sociedad que no abandona y apoya sus poblaciones para protegerlas de la violencia”.

Esta reflexión ilustra de manera simple mi mensaje hoy.

En el BID, tras décadas de investigación e implementación de programas, podemos asegurar que un enfoque balanceado de prevención social y fortalecimiento del Estado de Derecho son la combinación idónea para lograr el objetivo de seguridad sostenible al que todos aspiramos.

Y esto es muy alentador.

 

Historias de éxito en la región más peligrosa del mundo

La criminalidad condiciona nuestras decisiones diarias: dónde vivimos, por dónde transitamos, dónde invertimos, y qué hacemos o dejamos de hacer un fin de semana.  Es decir, afecta nuestra calidad de vida y nuestro bienestar. Tan solo el año pasado hubo casi medio millón de personas asesinadas en el planeta. Tristemente,  casi el 40% de esas muertes ocurrieron en nuestra región.

Ahora bien, no todo el panorama es oscuro.  América Latina y el Caribe también tienen historias de éxito que nos llenan de optimismo. Bogotá logró este año la tasa de homicidios a la cifra más baja de los últimos 40 años, y Honduras la redujo en un 50% en los últimos cinco años. Y como estos ejemplos,  tenemos otros más.

¿Por qué no aspirar a que más lugares en la región puedan hacer lo mismo?

Desde el BID desde hace casi dos décadas los estamos acompañando a asumir esta ambiciosa apuesta. Nuestro desafío ha sido y sigue siendo apoyarlos en lograr políticas sostenibles de largo plazo en un área donde el corto plazo es el que se lleva los titulares de los periódicos. Nuestra experiencia y el conocimiento técnico acumulado a lo largo de todos estos años nos han llevado a entender la criminalidad como un fenómeno multifacético cuyas raíces son una combinación compleja de factores socioeconómicos, demográficos e institucionales.

Con eso en mente, la apuesta de apoyo de BID se ha centrado de manera especial en dos áreas que creemos son los ingredientes fundamentales para una seguridad sostenible en el tiempo. La primera es prevenir el crimen y la violencia en zonas de riesgo y aquella que impacta a las poblaciones vulnerables como mujeres y jóvenes. La segunda consiste trabajar para mejorar las instituciones encargadas de combatir y prevenir el crimen.

 

Los jóvenes y las mujeres, grupos principales de riesgo

En cualquier ciudad de América Latina, los jóvenes entre 15-29 años están desproporcionadamente representados entre las víctimas y los condenados por delincuencia. De hecho, en la última década, las tasas de encarcelamiento en ALC aumentaron en más de un 120%, comparado a un 24% el resto del mundo. Los jóvenes y las mujeres son, en proporción, los grupos poblacionales más afectados.

Cuando se examina la delincuencia juvenil con lupa, descubrimos patrones comunes en las vidas de estos jóvenes: violencia intrafamiliar, abuso de drogas y alcohol, barrios violentos, falta de oportunidades educativas o laborales y, algo que nos toca muy de cerca, la indiferencia del Estado. Estas experiencias marcaron sus vidas y les colocaron en la senda hacia una carrera criminal.

El otro grupo social especialmente vulnerable son las mujeres. Lamentablemente, el hogar sigue siendo el lugar más peligroso para mujeres, que sufren la violencia de género como resultado de la desigualdad y estereotipos que todavía no hemos terminado de erradicar en nuestras sociedades. En nuestra región mueren en promedio nueve mujeres al día víctimas de la violencia machista.  A esta tragedia también se suma una masacre silenciosa… los miles de asesinatos de mujeres migrantes.

Esto claramente nos indica en dónde debemos enfocar los esfuerzos.  No hay excusas.

 

¿Qué significa trabajar en prevención?

Hoy, tenemos más evidencia que intervenciones enfocadas en comunidades, padres, escuelas, maestros y el desarrollo de habilidades socio-cognitivas ofrecen un abrigo de protección a estos grupos vulnerables.  Así lo están demostrando Brasil, Costa Rica y Belice con sus Centros de Juventud.

También, evaluaciones de programas en Trinidad y Tobago, Jamaica y El Salvador han confirmado que los programas enfocados en cambios conductuales de los jóvenes de alto riesgo tienen una relación directa con la reducción del crimen violento. Y gracias a programas de reinserción como los de Chile y Panamá hemos constatado que es posible reducir el riesgo de reincidencia de jóvenes y mujeres a través del emprendimiento y del apoyo del sector privado.

 

Las instituciones como piedra angular

El segundo elemento de nuestra apuesta desde el BID es apoyar la modernización de las instituciones de seguridad y justicia. De los procesos de modernización, los cambios dentro de las instituciones de seguridad y justicia son de las tareas más complejas y difíciles.  Algunas instituciones han sufrido de décadas de rezago que requieren de reformas estructurales importantes. Otras, aunque más profesionalizadas y con bases sólidas, han estado durante años encerradas en ellas mismas, estancando su desarrollo institucional.

A veces, los procesos de modernización fracasan por falta de apoyo político, o por falta de recursos. A veces, por resistencias internas al cambio dentro de las instituciones. Esto alimenta la desconfianza ciudadana y la sensación de impunidad. De hecho, según la más reciente encuesta de Latinobarómetro, menos del 40 por ciento de los ciudadanos de la región confía en la policía y la justicia, comparado al 65% que se registra en Europa.

Por otra parte, los numerosos casos que no son atendidos por la policía o resueltos por la justicia crean un gran descontento ciudadano. En nuestra región, en el 2016 solo hubo alrededor de 24 condenas por cada 100 víctimas, comparado con las 78 en Europa.

 

Gasto en seguridad inteligente

El problema no es  que no se esté invirtiendo. Estudios del BID han encontrado que los países de nuestra región asignan importantes recursos financieros, políticos y humanos para modernizar sus instituciones de seguridad y Justicia, pero nos siempre con los resultados esperados. Por ello, sería equivocado plantear un proceso de modernización institucional solo en términos de más recursos, aumento del número de policías o de compra de más tecnología.

En la última década en el BID hemos acompañado más de una docena de procesos de modernización en varios niveles de gobierno. Hemos aprendido que todo proceso de cambio debe contar con un Plan Estratégico que permita a las instituciones analizar de dónde vienen y hacia dónde van. Actualmente, estamos trabajando con Argentina, Costa Rica o Chile en la implementación de estos planes, interviniendo áreas vitales de administración y recursos humanos, y promoviendo políticas de género inclusivas.

Los casos no resueltos generan un gran descontento ciudadano. En el 2016 se registraron 24 condenas por cada 100 víctimas, comparado con las 78 en Europa.

Por otra parte, nuestro apoyo a Honduras está confirmado lo que ya sabíamos:  que la columna vertebral para una efectiva modernización es el capital humano. La selección y formación de los operadores de seguridad y justicia deben estar guiadas con ética, conocimiento y sensibilidad social.

También hemos apoyado la incorporación de herramientas tecnológicas en Ecuador, Uruguay o Colombia que permiten identificar con precisión patrones del delito, puntos calientes e incluso predecir crimen.

Por último, para que la modernización de los cuerpos de seguridad sea efectiva, hay que hacerla con transparencia.  Cuando los mecanismos de rendición de cuentas comienzan a funcionar, son una victoria temprana en la construcción de confianza ciudadana.

 

Retos en constante evolución

Ahora bien, a medida que el mundo se vuelve más digital y globalizado, los retos de seguridad también se están transformando:

  • Hoy, el cibercrimen es el delito que más rápido crece en el mundo.  Se tratan de delitos antiguos y nuevos que suceden en el mundo virtual.  Urge que nuestras policías, fiscalías y la Justicia desarrollen habilidades digitales óptimas para prevenir, detectar y enjuiciar estos delitos de gran impacto.
  • Por otra parte, la migración se ha convertido en un fenómeno sin precedentes en nuestra región que ya tiene carácter de éxodo.  Más de cuatro millones de migrantes están llegando a nuevas ciudades en donde la pobreza, la exclusión y la violencia acentúa sus fragilidades y pueden ser aprovechadas por la delincuencia.

Desde el BID somos especialmente conscientes de estos nuevos desafíos y estamos comprometidos a acompañarlos en su búsqueda de soluciones para una seguridad sostenible.

 

Seguridad sostenible y sistémica

Existen muchas áreas del Desarrollo en donde es mucho más fácil ver y palpar los resultados, pero desde el BID también nos hemos asumido el desafío de apoyarlos en áreas complejas como la seguridad y justicia, en donde la percepción y confianza ciudadana importan mucho.

Quiero cerrar reconociendo la importancia de la presencia aquí en Washington de autoridades en primera línea que tienen ante sí esta gran tarea y responsabilidad. Ustedes son los principales actores de este dialogo: Ministros, Viceministros, y jefe de delegación. Queremos que este encuentro les permita intercambiar ideas y soluciones para que juntos construyamos  construcción una América Latina y Caribe más segura.

¿Recuerdan la frase de William Bratton? “Reducir crimen no solo depende de tener buenos policías, sino también de una sociedad que no abandona”.

De esto se trata nuestra verdadera vocación. Gracias a cada uno de ustedes por hacerla posible.

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo